me enamore

la primera vez que sentí

que la majestuosidad verde de

las montañas se levantaban

frente a mi, ver que me seguían

durante toda la carretera, que

descendían en las delirantes e

impactantes caídas de agua las

que formaban circunferencias

no perfectas llenas de liquido

casi mágico por el vibrante

color nunca antes visto en

ningún numero de pantone,

fue cuando decidí enamorarme

eternamente de cada árbol, de

cada volcán, de cada nube, de

cada centímetro de tierra, de

cada atardecer, de cada paisaje

de cada mar de arboles,

y de cada fantástico rió y lago

que adornan mi entrañable y

fabulosa tierra donde en un

acierto categórico de la fuerza

divina del universo que es

des o conocida me permitió

nacer, vivir y revivir.

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