de la niña y de las miradas

comencé a contar los saltos que realizaba aquella pequeña niña
de rostro tostado pero iluminado, su cabello negro ondulado con
flequillo recogido por un par de ganchos que algún día fueron
rojos, le abrían camino a su mirada a cargo de sus pequeños y
rasgados ojos color café,

note, que como pocas miradas en esta nefasta y convulsa ciudad
la de ella era chispeantemente sonora, eso llamo mi atención y
por un momento perdí la cuenta de los saltos sobre el pavimento
sus pequeñas y delgadísimas piernas colgaban de una faldita
mugrienta y raída,

esas piernas hacían la mímica de estar saltando, era obvio que
quienes realmente saltaban eran sus ojos o tal vez su mirada
evidenciando que eso era más que salto tras salto,

su alma y su pequeño corazón metidos dentro del estuche que
es su cuerpo estaba cubierto por una blusa azul de botones
amarillos de los cuales dos se habían marchado,
eran los que saltaban no como un juego rutinario y relajante
sino por alcanzar a ver ese más allá,

no el de la otra vida, sino ese más allá de solo tener que pasar
los días en esa acera inerte, fría y sucia para regresar a un
cuarto igual de frío y de pocos metros donde “viven” por ponerle
un nombre a esa escena, sus cuatro
hermanitos, su madre y su tercer padrastro,

un más allá de su mismo suéter el cual no se sabe con exactitud
el color original por los remiendos y parches que le acompañan
o de esa tortilla que disfruta imaginando un contenido sabroso
deseando que algunos días por lo menos no este vacía,

me di cuenta que hacía su último salto con esos zapatitos negros
con ventilación 360 grados, ahora comenzaba con las vueltas
alrededor de ese poste metálico extraño que no es redondeado
tocando con su mano izquierda echaba hacia atrás su minúsculo
cuerpo queriendo quedar suspendida sobre las partículas del aire
que la rodea,

siente el aire tibio de la época, cargado de palabras, sueños, hojas,
aromas y una sobre dosis de dióxido de carbono, esa sensación la
lleva a cerrar sus chispeantes ojos y sentir una libertad fugaz de
esa vida, por así llamarla

sin previo aviso se detiene y sus pequeños ojos café sintonizan mí
mirada entonces fueron de aquellos segundos estirados que parecen
no tener fin

tome un trago de mi café amargo y solo pude abrir una sonrisa que
ella correspondió desde su pequeña, silenciosa y agrietada boca, al
mismo tiempo que su mirada penetrante sencilla me decía:

nunca entenderás porque aun esa chispa sonora permanece en la
densa e indeseable oscuridad,

siguió dando vueltas cambiando de una mano a la otra
terminé mi café
me levanté y me fui
o por lo menos una parte de mi lo hizo

Comentarios

  1. El gran poeta arjona, tiembla cuando lee estas palabras, ponerle música significaría, una sinfonía de la realidad humana, en un mundo invisible.

    LLAO

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