El no lo sabe pero me regalo una estrella

Llegaba a la casa de mis papas era antes de las siete de la mañana, en pants y sudadero, de esos viejitos que la tela es tan cómoda que se ha hecho parte de tu piel, que frío que hacía , la ropa en la que había pensado vestiría ese día, la deje desde el día anterior ahí, con el supuesto de que me quedaría con ellos, pero olvide algo en mi casa y se me cruzo algo importante en el camino, había pasado una noche muy fabulosa, una noche de martes espóntaneo con lluvia, con recuerdos dignos de guardar.

Al entrar todavía estaba algo oscuro, mi hijo aún no estaba listo para el colegio, me dió uno de esos abrazos eternos que se pegan al alma y al mismo tiempo nos dijimos cuanto nos habiamos extrañado. subió corriendo las gradas con esa energía que aún no logro alcanzar, me fui a vestir y me dirigi a la cocina en busca de una taza de café, mi mamá y papa desayunaban acompañados con esa lluvia suave persistente, cuando entro una llamada.

Atendió mi mamá, era su hermana, el tono del monologo que escuchabamos con mi papá, nos indico que algo malo sucedía, son de aquellas llamadas que no esperas recibir; o que uno quisiera no haber contestado con la absurda idea que talvez de esa manera lo malo no ocurriera o desapareciera. En efecto la noche del marte, de mi martes espóntaneo con lluvia, mi abuelito había experimentado una caída en la irrigación de sangre al cerebro, eso lo sabemos ahora, el solo sabía que trato de levantarse a caminar cuando sus piernas se negaron a sostenerlo.


Mientras terminaba mi taza de café, mi mamá comentaba los sucedido, debían llevarlo al médico, quise acompañarla pero tenía un compromiso, ibamos algo tarde, me despedi. Durante el día estuve pendiente de la situación con mi abuelito, la espera se hacía bastante larga, posiblemente por las lluvias que no paran.


Por la noche localice a mi mamá se le escuchaba muy agotada, había estado fuera todo el día, el diagnostico era un nombre que no recuerdo, a consecuencia de una artereoesclerosis, todos habíamos asumido que era un derrame, pero fue lo contrario, no llego suficiente sangre al cerebro de mi abuelo.


Debia realizarse una serie de examenes, de sangre, resonancias magneticas, ultrasonidos y todos esos nombres extraños que asustan solo con mencionarlos; me ofrecí a llevarlo y acompañar a mi mamá.


Ese miercoles cuando llegamos por mi abuelo, se le veia muy cansado, agotado, pero con una pequeña chispa en la mirada, contento por vernos y de ver a mi hijo. No podía sostenerse solo, estaba muy débil, pero como podia se estaba peinando, en realidad mi abuelito es pelón, pero tiene algo de pelo y siempre esta pendiente de que su poco pelo existente este en su lugar; muy bien vestido, con su camisa dentro del pantalón, cincho y zapatos lustrosos, y una chaqueta negra, muy catrin mi abuelo, como el mismo solía decir. Escuche cierta discusión, el queria llevarse una bolsita plastica con el siguiente contenido: desodorante, loción y cepillo de dientes, mi mamá le decia que no era necesario, el insistia en que si, le dije a mi mamá; dejalo! ahi lo llevo yo en mi bolsa.


Ese día decidió ser bastante soleado, fuimos hacerle los exámenes, debíamos sostenerlo entre dos porque sus piernas no coordinaban bien, él se repetía que todo iba a estar bien, pero su cuerpo en definitiv nos decia otra cosa. Luego de largo tiempo y cansancio entre realizarse los examenes y que entregaran los resultados, llegamos con el doctor, y sin previo aviso la lluvia ya había comenzado.

El médico le dice: Don Amilcar es usted un milagro andante, nos explica que un episodio como esos son muy delicados y que por lo regular y más a la edad de mi abuelo, no sobreviven y si lo hacen quedan en un estado muy deteriorado. 

Nos indica medicamentos y cuidadados, a lo que mi abuelo rapidamente pregunta: Mire doctorcito; cree que ya la otra semana puedo ir a dar una vuelta en mi bici?

Y es que mi abuelito hacia un par de días había estado dando vueltas en su bici como acostumbraba, aún a sus 82 años, ya no se iba muy lejos pero si recorria un caminino bastante considerable para su avanzada edad.

La verdad ese domingo fue el último que él manejaría su preciada bici, creo entender su sentimiento de libertad y control al irse el solo en su bicicleta. 

Recuerdo unos años atrás en los que yo iba a la casa de mis papas al medio día a la hora del almuerzo, lo veia bastante lejos de su casa, algunas veces no me saludaba, pasaba más rápido que yo entre los carros metiendose en el tráfico, daba una sensación de emoción verlo, claro también de preocupación. Ese es mi abuelito, un espiritu fuerte, animado, amante de la vida, deseoso de vivir y disfrutar de la vida. Que le pegue el viento fuerte en el rostro, provocado por la velocidad de su bici, sentir la libertad de volar sin alas y sin despegarse de la tierra.

Su recuperación fue muy buena, asombrosa mejor dicho, seguiamos haciendole exámenes, uno de esos días con grandes lagrimas en los ojos me dice: Silvita, porfavor ayudenme, yo no quiero morir, yo quiero seguir viviendo... el sentimiento que sus ojos y su expresión me transmitía, me hizo entender la importancia de desear apasianadamente vivir, no solamente vivir, verlo tan convencido, tan necesitado de seguir viviendo, fue como un  regalo para mi vida, para mi alma, efectivamente el le gano esa batalla a la su vida. El no lo sabe pero ese día el me regalo una estrella, que ahora atesoro y marco mi alma profundamante.

Luego de esos meses más tarde otra enfermedad tocaba a su vida, una operación riesgoza era necesaria para extraer unas neoplastias que crecian en su cuello, nuevamente el desgastante ritual de exámenes y médicos, el riesgo era muy alto, el lugar de los tumores, la edad. Pero mi abuelo dijo nuevamente: quiero vivir unos días más, así que sáquenme esas chibolas del cuello. Me sorprendió nuevamente su entusiasmo, su deseo, su impetú, cosas que muchas veces perdemos siendo jóvenes. En esa ocación me dijo: Silvita, estoy jodido, lo sé!, pero quiero que me ayuden los doctores, que me operen si me quedo ahí, pues me voy a ver a la abuelita. Fue algo muy duro para todos, el procedimiento fue exitoso, contra pronósticos y estadisticas. Cuando salió de la cirugía entre a verlo, aún estaba regresando de la anestesia, me sorprendio que me reconociera tan rapidamente, Silvita, ya me sacaron esas chibolas? Le respondí con la cabeza que si, se alegro y me agradeció estar con él. Cuando todos entramos más tarde, él nos ve y levanta las manos en señal de triunfo y de que todo esta bien, el gana nuevamente otra batalla, esta orgulloso de ello. Pero la vida tiene caducidad en esta tierra, en este cuerpo. La vida es implacable, es finita. 
En poco mas de un mes mi abuelo gana su ultima batalla, pero la vida se le acaba a los 83 años. 

Una par de tardes antes de que partiera, me acerque a la cama de mi abuelo, con su mano entre las mias. Le agradecí lo que en los últimos meses de su vida me había enseñado, esa convicción por vivir con pasión y al mismo tiempo conciencia de la finitud de esa vida que disfrutaba vivir.
























Comentarios

Entradas populares de este blog

ciega