Ayer me di cuenta de nuevo que mi corazón
sigue en su lugar, que los sistoles y diástoles
bailan al ritmo seductor de tu mirada brillante,
volví a sentir la fuerza de mi sangre que circula
y toca cada centímetro de mi cuerpo como lo hacen
tus manos. Me di cuenta que la temperatura de
mi ser se eleva al mismo tiempo que el calor de
tus labios y que cada uno de tus besos refrescan
mi alma como lo hace diariamente el rocío en
los bosques. Y nuevamente comprobé que no
tengo más palabras que decir entre tus brazos.

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