desengavetado numero uno

Ahí estaba yo, sentada en la orilla de mi vida
aún no estoy arriba, pero ya no sigo tan abajo.

El viento tibio de un atardecer continuo golpea
mi rostro, acaricia los rizos de mi cabello y se
lleva de a pocos mi tiempo pasado escondido en
algún lugar de mi cuerpo.

Extiendo mi mano derecha hacia el viento tibio
y suelto los últimos pétalos secos que conserve en
mi mente por un tiempo largo, cada uno de los pétalos
se lleva un poco de dolor gaseoso.

El dolor algunas veces solo cambia de estado, hace
días que ya para mi no es líquido, ya no es sólido, pero
hay una parte que aún flota sobre mi vida, algunas veces
se cuela en las ventanas de mi alma y por debajo de la
puerta fuertemente cerrada de mi corazón.

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