media noche

Me levante a media noche y recordé tu sonido,
me senté en la orilla de la cama tibia la que me
invitaba a regresar, pero tuve que rechazar su
invitación.

Busque el vaso plástico azul con agua, mi garganta
estaba seca y desesperada, pensé que el agua podría
calmar una de esas dos incomodidades.

Sentí la absurda necesidad de escucharte, era absurda
porque la sentía en mi garganta, comprobé que la
desesperación era por pronunciar suavemente tu
nombre.

A penas logre pararme por el frío cortante de la media
noche de invierno, mis pies descalzos se deslizaron en
el piso cerámico grisáceo, camine unos cuantos pasos
hacia la ventana, corrí la cortina con miedo, aún no sé
bien a que; se me ocurre una lista interminable de
razones, y al abrirla pensé que era el momento justo
para llorar en forma incontrolable.

Pero mientras veía el bosque dormido, fresco, vivo, quieto,
cubierto por la neblina flotante, ni una sola lágrima fría
quiso acompañarme esa media noche de lunes.

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