sueños

Desde esa ventana rectangular con un balcón blanco oxidado,
ella veía como saltaban las gotas amorfas liquidas, imaginando
colores infinitos que hicieran juego con sus sueños monocromáticos.

Aquellos sueños que había acomodado un domingo por la tarde en
orden alfabético en una vieja caja marrón de madera de pino curado.

Esa particular caja marrón tenía una candado pequeño plateado con
clave de números y letras, ella tenía memoria de las formas lineales,
pero no de la intención de la cantidad numeral o palabra hilvanada.

Decidió esa noche de lluvia necesaria e imaginaria, iniciar una nueva
colección de sueños reciclados, que ahora fabricaba a partir de una
combinación multicolor procurando que hicieran juego sobre lo natural.

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