Se levanto el silencio dormido y habito varios días en
mi ventana, cubrió lentamente mi habitación y se pego
fuertemente a las puertas como barniz marino.

Buscaba refugio, estaba cansado de no ser admitido en
los espacios populares, en las mentes maquinadoras, en
los cuerpos famosos y en los bocas insaciables de sonidos.

Lo tuve de frente, acariciaba mis labios suavemente, me
envolvía y cautivaba con su presencia seductora todo mi
cuerpo, mi alma, mi mente, mi tiempo y mi espacio presente.

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