Las estrellas se filtran por la la cortina de la ventana,
son blancas y envidiablemente brillantes. Verlas sostenidas
de la nada en un todo, me golpea suavemente el alma.
Siempre ha sido el mismo cielo evolucionando sin ser visto,
contenedor infinito de sueños, de estrellas fugaces, de esperanzas
grandes y cortas o pequeñas y eternas. De amores trascendentes
y de amores transitorios. Y de esa magia que flota como esfera
traslúcida que busca el momento perfecto para volver a unir
corazones que se fundieron un día y sobre vivieron intactos al
tiempo para crear su propio cielo, su propio amor y su propio
tiempo.

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