Quizás solo es de esperar que los miedos se huyan por debajo
de las puertas cuando están cerradas y luego poner papel periódico
en las rendijas para que no regresen.
Posiblemente las alegrías son como las nubes blancas en cielo azul
profundo, cada quien le ve la forma que le de la gana, tirado sobre
la espalda en tierra húmeda con una pequeña varita en los labios.
Ahora veo que el amor jamás podrá verse, como cuando deseaba
tanto verlo en las tardes de sábados o en las mañanas de domingos.
No son los días ni las horas, son los "no se que", los únicos indicados
en mostrar el amor en circunstancias insospechadas.
Escucharte de vez en cuando te da una pequeña idea de lo que has 
aprendido y de lo que has perdido. Lo perdido por no aprender y
lo perdido por querer dejarlo atrás de tu vida, no todo lo perdido se
extraña.
Extraño tantas veces lo que tengo y extraño algunas otras al doble lo
que me gustaría tener creyendo alguna vez haberlo tenido.
Como cuando sueño que estoy soñando y despierto dentro del sueño
queriendo amarrar mi mano al hilo de las escenas del sueño, para
poder regresar cada vez que se vuelva necesario.
Porque las penas muchas veces tienen agenda propia y caminan tan
velozmente que ganan la carrera y se echan a descansar hasta 
quedarse dormidas.
Al final de cada día solo me acerco al pie de tu cama con los ojos 
cerrados viendo tu respiración y tu sonrisa grabada en mi alma. 
Es mi dreamcatcher colgado alrededor de mi  vida.
La mirada de las mañanas y tu voz incrustada en mi corazón. 
Es mi escudo brillante.
Tus besos y abrazos espontaneos son mi cajita de quitapenas.

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