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salirme

Con ganas de salirme un rato de esta piel. 
Y caminar descalza sobre las sombras de los besos.
Las que dejaron las más inexplicables historias de amor.

Con ganas de no buscarte más en las medias noches.
Aquellas que se estancaron al verte venir dispuesto a quedarte.
Quedarte tan cerca que te perdías de vista en mi.

Con ganas de pasar el capitulo donde el destino se burla del tiempo. 
Ese día que cruzaste certero de nuevo sobre mi vida.
Y atravesaste la tuya hasta la última recámara de mi corazón.

Con ganas de regresar a mi mente y descansar de pensarte.
De cerrar los ojos y de cerrar la historia con un gran punto final.

El corazón razonable

Lejos de lo que la razón moderna pudiera escuchar, el corazón llora otro episodio cíclico.
Aquel lazo invisible y fuerte que el corazón tejió hacia la olvidada esperanza.
Es el artífice de delinear los bordes de los sueños mágicos, que el corazón 
razonable logra imaginar. 
Y desde lo profundo desea en algún tiempo poder crear.
La realidad humana es tan distante de lo que el universo entero ha decretado
realizar.
Es una imagen contraria y distorsionada de lo que la luz primigenia desea enviar.
Aun así cada día el corazón razonable grita en silencio desde los pechos sensibles
de aquellos que desde sus propias trincheras no le han dado la espalda a las 
atrocidades cotidianas, no por discurso filosófico o por creencia a medias.
Sino por humanidad reconectada hacia el universo que une todo y a todos.
Mientras un latido de un corazón razonable exista, no hay porque dejar de sujetarse
a ese lazo invisible y fuerte.
Por que de pronto algunos voltearán para no olvidar lo que llamamos esperanza. 






Buscaba insistente la razón de las tristezas, pero no hay razones.
Las tristezas son las damas elegantes con espíritu sobrio y fuerte,
que desean gobernar sobre las almas de los ingenuos transitorios y
de los ingenuos crónicos.
Las tristezas viven en los aires acechando los corazones vacíos
para formar su fortaleza creciente.
Hay que ser amigos de las tristezas, de aquellos amigos que has
conocido tan bien, que sabes que no los necesitas en tu vida,
aún cuando siempre estén muy cerca.

Vacío

Este ardor en la piel que comienza en lo profundo del alma, es algo conocido.
Otra vez parada a la orilla de un final atraída por la inmensidad del vacío.
¿ Quien no conoce los vaivenes de los días que flotan sin peso en la nada ?
¿ Acaso jamás te escondiste de la vista de la noche en una esquina clara ?
Podría ser que hoy el tiempo es más denso que en la tibia mañana del ayer.
Pero quien sabe, algunas cosas arden porque deben marcar más allá del
día, más profundo que el océano y más lejos que el cielo de los cielos.
Los vacíos son espacios que debemos llenar mientras jugamos a crecer.

Vistazo

Escucho cada una de tus palabras en silencio con una sonrisa muy parecida a la felicidad.
El viento allá afuera se arrepiente de azotar con tanta severidad la cortina de mi ventana.
Mi vista esta fija tratando de escapar un poco cada día del turbio brillo de tu presencia.
Quizás solo debo esperar que por pequeños espacios eternos desaparezcan tus recuerdos.
Allá en el cielo cubierto de noche sin estrellas me observa el tiempo fascinado con mi rostro.
Y acá en medio de mi vida te doy un empujón hacia el futuro que tiene un solo asiento.
Talvez en algún camino de aquellos recorridos sin zapatos se haya quedado despierto uno
de los sueños no terminados de soñar. Talvez aún se pueda pescar en este presente la
combinación armónica de aquella vida sin vivir y la sombra de la vida por vivir.

Silencios

Esta noche me queman tus silencios y me
recuerdan el dolor en los dedos. Como cuando
de pequeña encendí una estrella artificial.
Las chispas eran tan cautivantes que cegaron
mis pensamientos. Se derritio en mi mano,
quemando mis dedos, ante la impotencia de mi
vista extasiada por la belleza de la frágil luz.
Decidí nunca mas encender otra estrella.
Así como esta noche decidí aumentar el sonido
de la luna y el titilar de las estrellas, para
refrescar mis oídos y enjaguar el corazón.

Noches perdidas

Mientras la noche se adentra en las ventanas como cortinas pesadas,
el la obserba lenta y gradualmente con sus grandes ojos brillantes.

Su mirada acaricia desde lejos los ondulados y desordenados cabellos rojizos tirados
sobre la almohada. 
Sus manos tiemblan, susurran, por las insesantes ganas de acercarse a la blanca y dulce piel que sale
de las sábanas gastadas. 

El frió comienza a colarse en las paredes pintadas con antojos de día
domingo. 
Se da cuenta que apenas puede escuchar sus propios latidos, la contemplación y el ruido agudo
de sus pensamientos ahogan los demás sonidos nocturnos conocidos.

De pronto,  la luz de un auto lo saca del momento etereo, y subitamente aleja su mirada. Tiene miedo de que sus ojos convenzan a sus manos o impulsen a sus labios de acercarse a ella.

Entonces se vuelve valiente por algunos minutos y solo se queda parado frente a la cama de cabecera de madera antigua.

Solo sabe que llego nuevamente tarde a su lado, a su cama, a su vida, no puede contar las …