Nunca he tenido un gato propio

Tengo un amigo al que le guardo un cariño muy especial, y dentro de mi corazón le hice un espacio con su nombre, sus cuentos, historias y poemas.

Entro a mi vida durante un capitulo nuevo y convulsionado, mientras intentaba reinventarme o más bien inventarme.

El vio luz en mis letras desarregladas, esas letras que me arrancaba de racimos del lado oscuro del corazón, esas mismas letras que nadie les había puesto atención. 

Casi nunca lo veo, pero es de esas fabulosas personas que con sus palabras y miradas traspasan el alma y te dejan una caricia recurrente.

Hoy leí nuevamente una historia que escribió mi amigo, y que me la dio como regalo un día cualquiera, es sobre los felinos alados, me encanto la historia. Nadie antes me había dado un regalo de de letras. 

Pero esa historia, le comente, me hizo recordar que nunca he tenido un gato propio. De pequeña en casa de mis abuelos paternos, mi tia tenía una colección de gatos, con los me encantaba jugar. 

En realidad todos dicen que no eran tantos, pero yo me veo en el sillón de la sala de mis abuelos acariciando como a unos diez gatos. 

Mi abuela contaba que cuando me llamaban a comer o para que hiciera algo, les decía que estaba muy ocupada. 

Cuando me preguntaban en qué estaba tan ocupada. Les respondía que "sobando gatos". 

Al leer esto mi amigo, dijo que le había gustado más mi cuento, que su historia. Pero a mi me siguen gustando más sus palabras y la dulzura cortante de sus poemas. 



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